“El origen del arcoíris”
Autor: Jose Luis Rivas
Nombre del Genero: Mito Moderno
En un bosque, a orillas del hermoso río Orinoco, vivían hacía mucho tiempo siete mariposas amigas. Cada mariposa tenía un color distinto: azul, rojo, verde, amarillo, violeta, añil y naranja.
Desde muy temprano, las siete mariposas volaban y danzaban alrededor de las flores y las palmeras. Al anochecer, buscaban su casa en una flor y dormían unidas por sus alas entre las voces misteriosas de la selva.
Un día, la mariposa amarilla se hirió un ala y empezó a morir. Muy triste, sus compañeras quisieron morir con ella, pues la querían muchísimo, y así sucedió. El cielo se oscureció y comenzó a llover, y el viento arrastró a las siete mariposas muertas.
Una hora más tarde, cuando volvió a brillar el sol, una nueva maravilla apareció en el cielo: el arcoíris con sus siete colores. Los colores que las mariposas habían regalado por su amistad.
"El Mito de Medusa"
Autor: Desconocido
Nombre del Genero: Mito Moderno
Medusa era una diosa de una belleza extraordinaria. Pero no era una diosa cualquiera: Medusa era un espíritu del inframundo, una diosa de los infiernos, una gorgona. Medusa tenía dos hermanas, Esteno y Euríale, que también eran gorgonas.
De las tres hermanas, Medusa era la única mortal. Para compensar, los dioses le habían concedido un poder especial: convertir en piedra a todo aquel que la mirara directamente a los ojos.
A pesar de ser un terrible monstruo, Medusa tenía el aspecto de una mujer de belleza extraordinaria. Es por eso que tenía muchos pretendientes, entre ellos Poseidón, el dios de los mares. Un día, Poseidón citó a Medusa en el templo de Atenea, la diosa de la guerra. A Atenea no le gustó nada que utilizaran su sagrado templo como lugar de citas y, a pesar de que la idea había sido de Poseidón, culpó a Medusa.
Para castigarla, quiso acabar con su belleza. Atenea transformó en serpientes venenosas el hermoso cabello de Medusa. De este modo, nunca nadie se fijaría en ella. La gorgona se recluyó en una cueva junto a sus hermanas, quienes también habían sufrido la maldición.
Tiempo después el semidiós Perseo, hijo del mismísimo Zeus, recibió el encargo de ir en busca de Medusa y cortarle la cabeza. Era una misión muy arriesgada, ya que si miraba a la gorgona a los ojos, se convertiría en piedra. Para ayudarle en su aventura, Perseo recibió varios regalos: Hermes, el mensajero de los dioses, le dio unas sandalias con alas y una hoz muy afilada; Hades, el dios de los infiernos, un casco de invisibilidad y Atenea, un escudo de bronce pulido como un espejo. Además, Perseo recibió un zurrón mágico.
Perseo averiguó que Medusa se escondía en África, en una cueva, junto a sus hermanas. Cuando Perseo llegó a la cueva de las gorgonas, éstas estaban dormidas. Debía acercarse a Medusa en silencio y atacarla sin que se despertara. Así, Perseo utilizó las sandalias con alas de Hermes para acercarse a Medusa volando, sin hacer ruido. Utilizó el escudo de espejo de Atenea para acercarse sin mirarla y no convertirse en piedra. Una vez estuvo sobre ella, con la hoz de Hermes, le cortó la cabeza de un solo golpe. Inmediatamente, Perseo guardó la cabeza de Medusa en su zurrón mágico, para evitar mirarla al transportarla. Pero el ruido despertó a las hermanas de Medusa. Entonces Perseo, para no ser descubierto, se puso el casco de la invisibilidad de Hades y así pudo escapar con la cabeza de Medusa.
Se cuenta que parte de la sangre que brotó de la cabeza de Medusa cayó al mar Rojo, creando un enorme arrecife de coral; otra parte cayó sobre la tierra, dando lugar a las vívoras del desierto del Sahara.
Una vez conseguido su trofeo, Perseo regresó a
Grecia y le dio la cabeza a Atenea. La diosa de la guerra colocó la cabeza de
Medusa en su escudo, de manera que cualquier enemigo que quisiera atacarla,
quedara, automáticamente, convertido en piedra.
"La Caja de Pandora"
Autor: Hesiodo
Nombre del Genero: Mito Moderno
Al principio de los tiempos, un titán llamado Prometeo entregó a los hombres el regalo del fuego. El dios Zeus estaba furioso con el titán por no haber pedido su permiso primero y con los humanos por aceptar el regalo, por lo que ideó un plan para castigar a todos.
Le ordenó a Hefesto que creara una mujer hermosa a quien llamó Pandora. Afrodita le imprimió el don de la belleza, Hermes le dio astucia, Atenea le enseñó diversas artes y Hera le hizo el regalo que cambiaría la historia de los hombres por siempre: la curiosidad. Luego, Zeus ordenó a Hermes llevar a la hermosa mujer a la Tierra.
Antes de emprender su camino a la Tierra, Zeus obsequió a Pandora una caja de oro con incrustaciones de piedras preciosas atada con cuerdas doradas y le advirtió que bajo ninguna circunstancia debía abrirla.
Hermes guio a Pandora desde el Monte Olimpo y se la presentó al hermano de Prometeo, Epimeteo. Los dos se casaron y vivieron felices, pero Pandora no podía olvidar la caja prohibida. Todo el día pensaba en lo que podía haber adentro. Anhelaba abrir la caja, pero siempre volvía a atar los cordones dorados y devolvía la caja a su estante.
Sin embargo, la curiosidad de Pandora se apoderó de ella; tomó la caja y tiró de los cordones desatando los nudos. Para su sorpresa, cuando levantó la pesada tapa, un enjambre de adversidades estalló desde la caja: la enfermedad, la envidia, la vanidad, el engaño y otros males volaron fuera de la caja en forma de polillas. Pero entre todos ellos, voló una hermosa libélula trazando estelas de color ante los ojos sorprendidos de Pandora.
A pesar de que Pandora había liberado el dolor y sufrimiento en el mundo, también había permitido que la esperanza los siguiera.
Y es la esperanza lo que permite a la
humanidad seguir adelante a pesar de las adversidades.
"Dedalo e Ícaro"
Autor: Ovidio
Nombre del Genero: Mito Moderno
Hace mucho, muchísimo tiempo, en la remota isla de Creta, apareció un monstruo mitad toro y mitad hombre, conocido como el minotauro. Él era extraordinariamente fuerte, feroz y tenía un apetito enorme. Como puedes imaginarlo, la gente de Creta le tenía mucho miedo.
Fue de esta manera que todos se reunieron ante el Consejo Real para rogarle al rey Minos encontrar una manera de desterrar la horripilante criatura. Pero los planes del rey eran diferentes; al enterarse de la existencia del minotauro se dijo a sí mismo: “Si capturo al minotauro todos me temerán. Ninguno de mis súbditos se atreverá a traicionarme y mis enemigos lo pensarán dos veces antes de atacarme”.
Y así, el rey convocó a Dédalo, el más brillante inventor de su reino y a su joven hijo, Ícaro.
—Dédalo, construye una prisión para el minotauro — dijo el rey—. Esta deberá ser tan impenetrable que nada ni nadie pueda escapar ni siquiera con la ayuda de los dioses.
Dédalo era un hombre común, pero sus creaciones eran extraordinarias. Entonces, construyó un laberinto tan enredado y retorcido, que una vez adentro, era imposible encontrar una salida.
El rey encerró al minotauro en el laberinto, pero el monstruo no fue el único que corrió con esta suerte. También hizo prisioneros a Dédalo e Ícaro; alguien con el talento del inventor le resultaría muy útil en tiempos de guerra.
Durante muchos años, padre e hijo vivieron en la torre más alta del palacio, trabajando en una infinidad de invenciones ante la mirada vigilante de la guardia real.
Un día, mientras miraba por la ventana a las gaviotas volar, Dédalo tuvo una idea: construir unas alas, igual que las alas de las gaviotas, solo que más grandes y fuertes. Con estas alas él y su hijo volarían lejos, de regreso a Atenas. Entonces, pidió al rey Minos plumas y cera con la excusa de que eran para uno de sus tantos inventos de guerra.
El anhelado día llegó, Dédalo había terminado las alas:
—Con estas alas volaremos como las gaviotas —le dijo a Ícaro—, pero ten cuidado de volar muy alto. El sol derretirá la cera que une a todas las plumas.
Juntos, se lanzaron al viento desde la ventana de la torre. Volaron sobre la isla de Creta hacia el mar, la gente los miraba desde abajo confundiéndolos con los dioses.
Todo iba según lo planeado, hasta que Ícaro pensó: “Puedo volar más alto que las gaviotas”. Olvidando el consejo de su padre, voló muy alto en la inmensidad del cielo.
De repente, el aire se hizo más y más cálido y las plumas de sus alas se desprendieron una a una. Era demasiado tarde, el sol había derretido la cera que unía las plumas.
Dédalo escuchó los gritos de su hijo y voló en
su dirección, pero lo único que encontró fue miles de plumas flotando en el
mar.
"El Rey con Orejas de Burro"
Autor: Laurent Begue
Nombre del Genero: Mito Moderno
Hace muchos, muchos siglos, el rey Midas fue elegido para juzgar una competencia musical. Pero esta no era cualquier competencia, pues los contendientes eran Apolo, dios de la música y Pan, un semidiós.
El orgulloso Pan, presumía de ser mejor músico que el mismo dios de la música. Apolo, por supuesto, no estuvo de acuerdo. Entonces, decidieron organizar un concurso para resolver la disputa de una vez por todas y a cada uno de ellos se le permitió elegir a una persona para servir como juez.
Apolo eligió a Tmolo, un dios menor de las montañas. Y Pan, siendo muy amigo de Midas, eligió al rey mortal.
Apolo entonó una hermosa canción con su lira, un instrumento de cuerda parecido al arpa, mientras que Pan tocó la siringa, un instrumento de viento similar a la flauta. Tmolo votó por Apolo, quien había demostrado una clara superioridad. Pero Midas, porque era su amigo y no quería decepcionarlo, votó por Pan.
Apolo estaba furioso:
—¿Cómo se atreve este mortal a decir que un semidiós le ganó al dios de la música en su propio arte?, Midas, no tienes gusto —exclamó Apolo—. ¡Debes tener orejas de burro si crees que Pan es mejor que yo!
Y Apolo convirtió las orejas de Midas en las largas y peludas orejas de un burro.
El rey Midas estaba terriblemente avergonzado. ¿Cómo podría aparecer ante su gente con esas enormes orejas de burro? ¿Qué dirían los reyes de otras tierras cuando lo descubrieran? Nadie lo tomaría en serio otra vez.
Llegada la noche, logró regresar al palacio sin que nadie lo viera. De ahí en adelante fue visto llevando un turbante grande y pesado todo el tiempo. Sus súbditos y los reyes de otras tierras a menudo comentaban:
—¿De dónde sacó el Rey Midas ese extraño turbante y por qué insiste en usarlo todo el tiempo?
Durante un año, el Rey Midas pudo mantener su secreto hasta que se llegó el día de necesitar un corte de cabello. El barbero vio las orejas del rey y prometió guardar el secreto. Pero el peso de ese secreto se le hacía insoportable, Desesperado, salió a las orillas del río y cavó un agujero en la tierra. Luego, gritó su secreto en el agujero: “El rey Midas tiene orejas de burro”. Sintiéndose mucho mejor, el barbero tapó el agujero y regresó a casa.
Pero a la siguiente primavera, crecieron juncos en el lugar donde el barbero había enterrado el vergonzoso secreto. Cuando soplaba el viento, los juncos susurraban a los cuatro vientos las palabras del barbero.
Grande fue la sorpresa del rey Midas cuando se
enteró de que los juncos habían esparcido su secreto por todo el reino: “¡El
rey Midas tiene orejas de burro! ¡El rey Midas tiene orejas de burro! …”




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